Por Redacción.
Otro año más sin el silencio que camina bajo el retumbar de los tambores y el paso rítmico de los cofrades. Ordenados por cada cofradía parten del Templo del Carmen al abrir su puertas y escuchar la trompeta.
No se escucharán los pregones y las saetas ni las cadenas que se arrastran por el adoquín, ni estarán las miles de personas que desde el Teatro de la Paz hasta retornar a la Plaza del Carmen pasando por Fundadores y Plaza de Armas, guardan el silencio respetuoso de la celebración de viernes Santo.
Tradición que desde 1954 es parte de la cultura potosina y un atractivo más de la ciudad para los visitantes.
Este año tampoco acompañaremos a la Virgen de la Soledad en su dolor.
Nuevamente la pandemia nos recluye en casa. Pero desde donde estemos la imagen de la madre en llanto por la muerte del hijo deberá invitarnos a la reflexión, a la oración.
Esperemos que éste sea el último año en que no se celebre esta tradición que nació hace 67 años.
