Despierto a la 1:37 de la madrugada He dormido por espacio de dos horas Una breve epifanía me arrojó a la vigilia Bajo las escaleras Me topo con la magia de la noche Enciendo la música y Jobim en versión ultralounge Se manifiesta en toda su excelsitud Voluptuosa música adereza la noche Tomo los libros Hago un recuento del día Hago conciencia de actos en cierta medida inconscientes en la vorágine de eventos cotidianos y percibo un mismo evento desde dos perspectivas: La inocencia cierta y sus reflejos positivos; y la consciencia plena de símbolos hechos palabras y sus repercusiones en el entorno… Borges, el inefable, en esta noche especial —como lo son todas— me revela: “Tu materia es el tiempo, el incesante tiempo. Eres cada solitario instante.” La noche, la música y el whiskey en mi mano se pulverizan Sólo queda esa última línea borgiana flotando: “Eres cada solitario instante.”
Marco Antonio Zárate Mancha
