Por Tinta Oscura
Los abrazos no balazos, la estrategia (?) de López Obrador que tuvo que dejar o hacer a un lado, frente a la exigencia de Biden. Tenía que entregarlo, a lo mejor lo platicó con algún otro capo o hasta con el mismo “ratón”. Todo es posible hasta que ni siquiera estuviera informado del operativo y que este fuera planeado, desarrollado y logrado por un grupo de élite del o vinculado al país vecino.
Fue el 19 de octubre del 2019, un jueves, cuando fuerzas federales detuvieron a Ovidio Guzmán, el hijo del famoso “Chapo” recluido en un penal estadounidense. En aquella ocasión se dejó libre al famoso “chapito”, según se dijo, para evitar una masacre.
Sin embargo, el pasado 5 de enero, jueves, se detuvo a Ovidio Guzmán y se incendió Culiacán y los otros municipios del norte de Sinaloa. Hubo balaceras como sucedió en el 2019, bloqueos, vehículos incendiados y enfrentamientos. Bueno hasta el aeropuerto fue objeto de tiroteos al grado de que una bala golpeó a un avión.
La diferencia fue que en aquella ocasión hubo una orden que determinó liberar a Ovidio y que las Fuerzas Federales se retiraran. En esta ocasión, en el 2023, no hubo ni quién intentara insinuarlo. Y uno pregunta ¿por qué en octubre sí se liberó al hijo del “Chapo” y ahora no?, ¿Acaso este operativo fue planeado por agentes expertos, con experiencia en ataques similares en otros países?, ¿caso el sigilo fue factor porque quienes perpetraron la detención no confían en las autoridades mexicanas?
Con el tiempo sabremos la verdad al respecto, por lo pronto solamente se especula que frente a la visita del presidente Biden, el estadounidense, el del país que busca tener en prisión al más joven de los llamados “chapitos”, hubo fuerzas especiales, y no precisamente enviadas por el habitante de palacio nacional, que detuvieron al joven capo, como un regalo para el visitante o porque no había de otra.
Dicen los que saben de estos operativos que la detención fue un éxito, pero la protección ante la reacción que se esperaba de los hermanos de Ovidio y los 5 mil elementos con los que cuenta su cartel en Sinaloa, quedó en manos de autoridades mexicanas, y fueron estas las que no supieron enfrentar o preparar el operativo contra la reacción y que dejó al menos 29 muertos, más de 200 vehículos robados, varios de los cuales fueron incendiados t los bloqueos en carreteras que se suscitaron.
Lo cierto es que se detuvo al “chapito” y se le trasladó a un penal de alta seguridad; lo cierto es que esto sucede a unos días de la visita del presidente Biden, cuyo gobierno pretendía al capo y hasta recompensa ofrecía por su captura y ahora solo espera que se le extradite (eso veremos si se logra, por lo pronto ya se amparo Ovidio).
Lo cierto es que la supuesta estrategia de “abrazos no balazos” se rompió el jueves pasado, y demostró su
fracaso, falló.
