“Como consumidores tenemos mucho poder para cambiar el mundo por el mero hecho de ser cuidadosos con lo que compramos” (Emma Watson)
Por Claudia Gómez Montealvo
Durante la semana pasada asistí a varios eventos donde se promovía el consumo de productos locales en la capital potosina, me di cuenta de todas las bondades que tienen estos productos y de la historia que tiene la producción de cada uno de ellos.
El primer evento fue un mercado artesanal en el parque de Morales, donde mujeres emprendedoras presentaron sus productos elaborados en su mayoría manualmente; desde bisutería, accesorios textiles, artesanías, plantas, repostería, etc., en si era un abanico de talento en un espacio físico abierto al público de una manera muy bien organizada.
Estas acciones colectivas me invitaron a reflexionar que el adquirir un producto elaborado en nuestra localidad tiene muchas ventajas; es un producto realizado, confeccionado, transformado por manos que quieren emprender, que cuidan cada detalle y ponen su máximo empeño en presentar lo mejor al consumidor.
El consumir un producto local, elaborado en la región que vivimos va poco a poco tomando tendencia, no hay que tomarlo como algo novedoso, el movimiento no es nuevo, surge en Estados Unidos mejor conocido como el Local First. Posteriormente se dio en Francia y adaptaron el concepto por toda Europa. Estos movimientos fueron principalmente enfocados al consumo de alimentos como verduras y frutas frescas.
El segundo lugar que visité no por invitación, sino por curiosidad, se dio al transitar por una calle del jardín de Tequis, donde en una casa antigua se realizaba un bazar, mis acompañantes sugirieron entrar más que nada inquietaba el conocer la arquitectura de la propiedad y ver qué productos había en ese lugar.
El bazar exponía prendas desde nuevas y aquellas conocidas por mi generación de segunda mano, que ahora integran el movimiento upcycling y que motivan la economía circular. También se promovía el consumo de productos amables con el medio ambiente, sobre todo aquellos asociados al mercado de la belleza y cosmetología.
Con toda honestidad, estos lugares movieron mi perspectiva, en el aspecto textil, decidí reciclar más mis prendas y comprar a aquellos pequeños emprendedores-artesanos alguna pieza, pues al consumir algo creado por ellos, impulsamos la economía de la localidad y generamos trabajo.
Si bien, existen muchos aspectos que intervienen en la compra de un producto, como son los gustos personales y el poder adquisitivo, sin olvidar que el contexto social de la ciudad y el país influyen mucho en la compra de cualquier artículo. El alentar el consumo de productos locales, nos hace solidarios con los que viven alrededor nuestro, nos hace promotores de negocios que comienzan en casa, en un sueño e inquietud de algunos por incidir de forma benéfica en nuestra comunidad.
Hay que consumirles a nuestros vecinos, amigos, conocidos…a los nuestros, no en vano las grandes potencias consumen local y de manera responsable, por lo que su economía se diversifica.
A nuestros productores locales no hay que verlos como informales, hay que brindarles herramientas e incentivos para que poco a poco se establezcan como formales, son una forma alternativa de generar comunidad para resurgir nuestras raíces en aras de comenzar a diseñar un nuevo mundo desde lo local.
