SANGRE, SUDOR Y GLORIA

Por Armando Adolfo Martínez Meneces
Víctor Alonso Tapia Miranda
Flavio González Ayala

Históricamente se ha dado lugar al verano de cada cuatro años la exhibición más grande de heroínas y héroes que demuestran los límites a los que es capaz de alcanzar el cuerpo humano. Los juegos olímpicos se han consolidado a través del tiempo como un evento que reúne las miradas de todo el mundo para observar las increíbles hazañas desempeñadas por la élite más grande del deporte de todo el mundo. De ésta manera, los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio 2020 (año que se mantuvo principalmente por cuestiones de marketing) que comenzaron el pasado 23 de julio y tienen como fecha de cierre este 8 de agosto prometen ser un evento inédito; no sólo por el contexto mundial en el que se desarrollan,  sino por las promesas, la innovación y una enorme cantidad de sucesos que contare a continuación.

LA SEDE IDÓNEA

Cuando pensamos en los ganadores y “perdedores” de éstas competencias se viene a la mente los atletas y a lo mucho, el país al que representan, pero pocas veces imaginamos el impacto de las olimpiadas en su país anfitrión, y es que si bien los atletas japoneses han logrado destacar de una manera brillante en estos juegos, las pérdidas económicas a las que se enfrentan tanto la ciudad de Tokio como el Comité Olímpico Internacional son innegables; aunque en un inicio presupuestaban costos inferiores a los de Londres 2012 (los JJ. OO., más caros de la historia moderna), la suspensión y aplazamiento del evento por un año, la decisión de no permitir espectadores en los recintos de las justas deportivas y principalmente, el fuerte impacto provocado por la falta de turismo, derivadas de las restricciones establecidas por el país del sol naciente derivadas de la crisis sanitaria mundial por COVID-19; provocaron que la cifra inicial sobrepasara la marca histórica de costos y pérdidas monetarias para la sede olímpica, cuyas estimaciones realizadas por investigadores y académicos japoneses rondan en la cifra de 25,000 millones de dólares.

A pesar de esto, es aplaudible la valentía del COI por llevarlos a cabo, pero sobre todo, las palmas se las lleva el país anfitrión, ¿por qué? En primer lugar tenemos el hecho de que organizar el evento deportivo más importante del mundo no es nada sencillo, ante esa ya compleja situación, sumemos el contexto internacional bajo el cual se llevan a cabo, con lo que la dificultad para ejecutarlos de manera tan efectiva se eleva exponencialmente, y aquí entran muchos factores que hacen esto posible: desde la increíble precisión en la logística, no solo para la competencia, también para el hospedaje, traslado, recepción y despedida de los atletas, equipos y representantes federativos que los acompañan, así como de la prensa internacional; hasta la infraestructura de primer nivel de cada recinto en la villa olímpica y el alto nivel tecnológico en la ciudad que permiten una fluidez y perfección que sólo es posible encontrar en una ciudad como Tokio. En segundo lugar, pero no menos importante: la cultura y educación de los tokiotas; el fundamento de esto es muy sencillo y pocos le dan el reconocimiento merecido y es que por más buena organización y logística que tenga un evento en cualquier lugar del mundo, si las personas no cooperan y ponen de su parte, el evento no va a funcionar, detalles de las transmisiones como no ver gente rodeando la villa olímpica para ver a los atletas, no haciendo aglomeraciones innecesarias para las competencias que suceden “en la calle”, con respeto y acato de las normas sanitarias impuestas por las autoridades reflejan el elevado nivel de congruencia y educación de los japoneses, por algo están donde están a pesar de todos los sucesos que han vivido históricamente, y siendo realistas, pocos países hubieran logrado un fenómeno similar en relación a sus ciudadanos y las competiciones.

Haciendo un recuento de todo, es evidente del costo que conlleva la realización del evento, y es que incluso la cancelación del mismo hubiera representado pérdidas por sí mismo, sin embargo, se deja en evidencia el nivel tecnológico y la calidad humana que ofrece Tokio al mundo.

LA ESTRELLA OLÍMPICA

Todos y cada uno de los y las atletas que participan en cualquier competencia dentro de los Juegos Olímpicos están ahí porque se lo ganaron con base en años de preparación, disciplina y entrenamiento, lo que les permite codearse y tener la oportunidad de enfrentarse a la élite deportiva del resto del mundo. Sin embargo, siempre hay personas que destacan del resto por sus increíbles habilidades que los hace colocarse como una promesa de llevarse la anhelada presea de oro. Tokio 2020 serán los primeros juegos en 17 años en los que no competirán 2 de los más grandes atletas olímpicos que el mundo ha conocido: el velocista jamaiquino Usain Bolt, ganador de 9 preseas de oro, y el deportista más galardonado en la historia de los JJ. OO., el nadador estadounidense Michael Phelps, que cuenta con 28 medallas: 23 de oro, 3 de plata y 2 de bronce. Ante la ausencia de estos gigantes del olimpo las miradas del mundo se encuentran en la búsqueda de las siguientes leyendas que harán historia, liderando todas las apuestas y obteniendo los reflectores se encuentra alguien que ya ha hecho historia y en estos juegos ha puesto uno de los principales temas sobre la mesa: Simone Biles.

La joven estadounidense de 24 años considerada la mejor gimnasta artística de todos los tiempos, que pretendía emular la gloria alcanzada en los juegos de Río de Janeiro 2016 donde obtuvo 4 medallas de oro y una de bronce, se posicionaba como la estrella más grande no sólo para su disciplina o para su país, sino de esta edición de las olimpiadas en general. Tanta presión y expectativa que conlleva ser también 5 veces campeona mundial le pesa y no teme en ocultarlo, pero no por eso deja de ser una carga inmensa, como ella misma lo estableció mediante sus redes sociales: “a veces siento que tengo el peso del mundo sobre mis hombros”. Declaraciones que se notaron en su desempeño para clasificar en los eventos donde “tenía” que ganar y que culminaron en su abandono de la competencia final por equipos tras un fallo en el aterrizaje de su salto conocido como Amanar (una voltereta hacia atrás con dos giros y medio en el aire antes de aterrizar). Ese momento que dejó atónito al mundo, la titán de la gimnasia abandonando el centro de Ariake al borde de las lágrimas, bajo la declaración de una lesión que posterior a eso ella corrigió, declarando que se retiro para proteger su cuerpo, pero principalmente, su mente. Con esto, the goat (apodo que recibió como acrónimo de “The Greatest Of All Times”, la más grande de todos los tiempos) colocaba un tema de vital importancia a nivel mundial sobre los reflectores: la importancia de la salud mental.

Al ser un deportista de alto rendimiento entrenas y trabajas en perfeccionar la técnica requerida para lograr el mejor rendimiento y desempeño posible en tu disciplina, lo haces durante horas, días, meses, años, toda tu vida está orientada a mejorar para ser el o la mejor, porque ¿a quién no le gusta ser el mejor en lo que hace? Y si no es por nosotros mismos, lo hacemos por nuestra familia, amigos, compañeros de equipo; en el caso de estos atletas, por nuestro país; y particularmente para Simone, la suma de todo lo anterior y lo que representa por ser una mujer, una persona de color y una sobreviviente de violencia sexual. Por más implacable que seas en tus movimientos, que haces que luzcan como cualquier cosa cuando el resto del mundo sólo puede contemplarte al realizarlos; lo que está dentro de tu cabeza determina el desempeño de tu técnica, por más perfecta que sea. Todos podemos ver a Biles sonriendo en brillantes leotardos tras desafiar las leyes de la física con maestría, de manera tan increíble e inigualable que no hay nadie ni siquiera cerca de poder hacerle competencia; pero también podemos ver sus entrevistas y publicaciones después de reconocer en 2018 que había sido tocado indebidamente y sin su consentimiento por el doctor de la federación estadounidense de gimnasia, Larry Nassar, en las que narra el tormentoso periodo de depresión que le ha costado manejar.  Aún sin este y otros eventos traumáticos que ha experimentado en su vida, la presión que conlleva ser un símbolo y la principal cara de Tokio 2020 es suficiente para derrumbar a cualquiera.

Simone Bies “perdió” las medallas olímpicas que pretendían elevarla aún más como la reina de este deporte, pero sienta un hito aun más grande al poner su integridad y salud física y mental antes que una presea metálica, reafirmando el reconocimiento mundial que tiene por su valentía y abriendo la conversación sobre algo que afecta a estos gladiadores, que a pesar de realizar increíbles hazañas, son igual de vulnerables en este aspecto que cualquiera de nosotros.

THE WINNER TAKES IT ALL

Hay que ser conscientes de algo, países como Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido y China tienden a dominar el medallero en cada edición de los JJ. OO… Por otro lado, países como México obtienen escasas preseas en disciplinas clave, como los “clavados”, pero al ser un deporte de apreciación, los resultados siempre generan inconformidad y cierta incertidumbre sobre la justicia y falta de sesgo dentro del jurado calificador. A pesar de esta circunstancia (que no es el tema para tratar, pero que sí es interesante, sobre todo al leer las opiniones de deportistas y especialistas sobre el presunto sesgo de jurados por la nacionalidad del atleta a calificar de acuerdo a la disciplina); lo que se resalta es que los atletas siempre buscan dar lo mejor de sí mismos, como se expuso anteriormente. Tres (atletas o equipos) por especialidad consiguen la anhelada gloria que vienen con las medallas, mientras que el resto se puede quedar (o no) con la satisfacción de haber dado todo de sí mismos; algunos quedarán más cerca de ese podio, otros más lejos, pero no debería quedar duda de que su espíritu deportivo y competitivo está vivo cada vez que se presentan. Por lo mismo, es difícil comprender lo duramente que son juzgados quienes no consiguen una medalla, no es que no hayan querido ganarla, simple y sencillamente es una combinación de factores que dieron ese resultado. En Tokio 2020 muchos mexicanos han rozado el podio, quedando en 4° lugar y nunca faltan las críticas destructivas que solo buscan demeritar del trabajo realizado por los y las deportistas que se quedaron a nada de una presea, y lo peor, muchas veces provienen de compatriotas. Como si ser el 4°, 7°, 12° o 30° mejor en tu especialidad a nivel mundial fuera algo terrible, la búsqueda de ser mejores es buena, pero también hay que reconocer esas pequeñas victorias que al final son las nos ayudan a crecer y seguir adelante. Estas experiencias deben contribuir a un mayor fortalecimiento y apoyo al deporte; países como los mencionados al inicio logran esos apabullantes resultados gracias al impulso y a la temprana detección y desarrollo de talentos para que se desenvuelvan en un futuro con grandes posibilidades de alcanzar el éxito. La existencia de unicornios como Biles, Bolt y Phelps es algo que maravilla al mundo por completo y lo pone a sus pies, pero su existencia es algo inusual, tanto espacio-temporal como deportivamente hablando, por lo que esperar que existan deportistas de ese calibre sin el apoyo y las condiciones necesarias para que logren ese nivel se hagan de la noche a la mañana es una tontería, el periodista mexicano Alberto Latí realizó una contundente y reveladora declaración al ser cuestionado sobre si la delegación mexicana en Tokio 2020 estaba cumpliendo las expectativas, tomando en cuenta la cercanía del podio que se ha presentado en clavados, softball, tiro con arco, entre otras disciplinas, a lo que respondió «Históricamente el que ha estado en deuda con sus atletas es México, seguimos haciendo las cosas iguales, esperando resultados diferentes», reforzando la teoría de que es necesario contar con una estructura deportiva sólida, accesible e incluyente, que se promueva e incentive, sobre todo tomando en cuenta el hecho de que nuestro país es de los principales países en cuanto a obesidad, infantil como adulta. Mientras no haya un cambio real y no exista esta mancuerna entre la sociedad y las autoridades deportivas, no podemos esperar y mucho menos exigir mejores resultados.

El deporte es algo que ha evolucionado a la par de la humanidad y no debe dejar de hacerlo, saca lo mejor de nosotros y nos permite ver los increíbles límites a los que puede llegar el ser humano, así como ayuda a derribar fronteras, estereotipos y paradigmas sociales. Promueve la unión, convivencia e inclusión, la competitividad y un estilo de vida saludable: tanto para cuerpo y ahora también debería serlo en mente; y afortunadamente cada vez más, la inclusión, factores que son necesarios y vitales en las sociedades actuales de todo el mundo.

REFERENCIAS:

Andrew, S. (2021, 29 julio). El retiro de Simone Biles nos recuerda que es humana y que sigue siendo la mejor. CNN. https://cnnespanol.cnn.com/2021/07/28/simone-biles-retiro-es-humana-goat-cabra-trax/
Macur, J. (2021, 30 julio). Simone Biles y el peso de la perfección. The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2021/07/27/espanol/gimnasia-tokio-2021-simone-biles.html
Tokio: 4 razones por las que estos Juegos Olímpicos serán totalmente distintos (además de por la pandemia). (2021, 23 julio). BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/deportes-57833928
Tokio: las 10 estrellas del deporte que
podrían hacer historia en estos Juegos Olímpicos (y cuáles son de América Latina). (2021, 22 julio). BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/deportes-57742098


Flavio González Ayala.

Internacionalista. Candidato a Doctor en Relaciones Internacionales, Negocios y Diplomacia por la UANL.
Profesor Investigador de la Facultad de Economía de la UASLP.
Maestro en Estudios de Asia y África por El Colegio de México.


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