A pesar del constante flujo de inversión extranjera directa y el dinamismo del sector manufacturero, San Luis Potosí enfrenta un reto estructural complejo: el crecimiento industrial no se traduce de forma equitativa en mejores ingresos ni en una salida definitiva de la pobreza laboral para toda su población.
De acuerdo con datos recientes de la plataforma México, ¿Cómo Vamos?, al segundo trimestre de 2026 el 35.5% de los habitantes del estado perciben ingresos laborales insuficientes para adquirir la canasta alimentaria básica, una cifra que supera el promedio nacional del 31.9%. A esto se suma que el 54.9% de la fuerza laboral opera en la informalidad, privando a más de la mitad de los trabajadores de prestaciones sociales y estabilidad jurídica.
El panorama económico estatal se encuentra fuertemente fragmentado por su geografía. Mientras la Zona Centro (que abarca la zona metropolitana de la capital) registra tasas de informalidad del 35.4% gracias a la concentración del clúster automotriz y manufacturero, las regiones Altiplano, Media y Huasteca exhiben realidades contrastantes.
En la Huasteca y la Región Media, la prevalencia del empleo agropecuario de baja productividad y la alta informalidad detienen la movilidad social intergeneracional. De acuerdo con análisis del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), nacer en los estratos socioeconómicos más bajos dentro de estas zonas limita drásticamente las oportunidades de ascenso social, empujando a miles de personas a migrar hacia la capital potosina, Monterrey o el extranjero en busca de remuneraciones dignas.
Esta concentración industrial en un solo polo ha acentuado la disparidad de ingresos en la entidad, donde el 10% de la población con mayores ingresos gana más de 15 veces lo que percibe el 10% más vulnerable, según cifras procesadas de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH).
Frente a este desajuste salarial y territorial, las autoridades estatales han impulsado programas de capacitación, talleres de inclusión laboral y la extensión de rutas de conectividad e infraestructura hacia municipios como Ciudad Valles, Tamazunchale y Xilitla, con el fin de descentralizar la oferta de empleo y acercar las oportunidades a las comunidades de origen.
Sin embargo, especialistas coinciden en que el mayor desafío para San Luis Potosí radica en democratizar el impacto del desarrollo industrial, garantizando que el empleo formal y los salarios competitivos dejen de ser un privilegio de la Zona Centro para convertirse en una constante en las cuatro regiones del estado.
