SOY MUJER TODOS LOS DÍAS

Llegó el 8 de marzo. 

Híiiijole, dicen así en Pedrones. Me hubiera gustado pensar que las cosas tenían más que ver con la ficción, que con el telediario que ocupaba el tiempo del barrio Los Músicos, allá en el sopor del Valle, a las siete de la noche de lunes a viernes.  

Justo era la hora en que sabía yo que, me tocaba, así como a una le toca morirse, me tocaba recoger los motetes de la escuela que estaban regados en el andén polvoriento y, salir corriendo para la casa, antes de que Don Enrique, mi papá, preguntara por mí a Doña Doris, mi mamá.  

Karina Paola Nieto López

Licenciatura en Derecho por la Universidad Católica de Colombia.

Especialidad en Derecho Penal y Criminología por la Universidad Externado de Colombia.        

Diplomado de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario impartido por la Embajada de los Estados Unidos y en convenio con las Naciones Unidas.

Maestría en Derechos Humanos por la Universidad Complutense de Madrid.

Más de vez que de cuando, la alarma de la nena Sandrita, mi hermana, servía como recordatorio de que mi papá venía de la litografía, donde estuvo todo el día sufriendo el calor del Valle entre los aromas a petrodiésel, plomo y grasa que caracterizan a la foliadora que al día de hoy, da batalla al baloto que venden en el Centro de puerta en puerta. 

Pero lo inquietante estaba en la TV, ahí veíamos como un villano de ceja grande y cabello poblado, se encargaba de hacerle ver su suerte a la heroína quien, tenía en contra, que era niña, más que ingenua. Yo le preguntaba a Don Enrique si así le tocaba a una cuando crecía y quería trabajar, él me decía que eso eran puras novelas de esas de México.  

Pasó el tiempo y, Don Enrique me mandó del Valle a estudiar a Bogotá; de Bogotá, me mandé yo sola a estudiar a Madrid y, fue ahí, donde la Nueva España se apareció con sabor a tequila y a un muchacho estudioso que poco interés tenía en las amistades y mucho en los libros. A lo mejor fue ese afán de bibliotecario ausente el que me picó el orgullo, a lo mejor fue pensar que en México, el villano de cejas gordas era una ficción y no la realidad que vivimos día con día; lo que si fue, es que me casé con ese “pelao” y me lo llevé a vivir a su propia tierra donde yo creía que todos serían como este muchacho y que una sólo vería los malos ratos en las novelas, siempre con la conciencia de que al final, todo quedaba en su lugar. 

Así, llegamos a Pedrones, donde lo primero que se me ocurrió leer fue a un tal Jorge que confundía lo grandioso con lo grandote; ahí me di cuenta que Colombia no tiene el monopolio de eso que se recuerda por ahí el 8 de marzo; en España y en México se vive bajo una realidad en la que hay que ser Una, para saber de qué se habla. 
Lo más difícil de hablar de eso, es que de “eso” no hablamos si no queremos parecer inadaptadas, lo que parecía ser una ruta se han encargado de hacerlo parecer más una exigencia irracional que un clamor de dignidad; ya se nos exige que, para hablar de nosotras, les incluyamos a ellos porque, si no, nos comportamos igual. En pocas palabras, para sentirse una ofendida por las conductas sociales que se han instalado desde siempre, hay que tenerles en cuenta para que quedemos de acuerdo en que no estamos de acuerdo. 

Concluyendo, sin que se concluya nada, llegó un 8 de marzo y con él, ellos dicen que conmemoran lo que nosotras vivimos día con día; que hay que ser mujer para vivir todo lo que ello implica; hay que ser mujer para saber que nuestras miradas no se deben cruzar con algunas miradas porque podríamos ser señaladas por mironas; hay que ser mujer para saber que, el día de la mujer es un día más en el calendario de Galeano.

Deja un comentario