Por Claudia Gómez Montealvo.
En vísperas de las fiestas decembrinas y como consecuencia de mi connotada observación al realizar mis compras en un supermercado, me percate de cómo y qué consumían algunas personas.
Su carrito del supermercado, además de víveres contenía bastantes artículos navideños, además de ropa, zapatos, enseres domésticos y artículos que no eran de primera necesidad. Esto era común en la mayoría de los clientes.
No es crítica, cada uno puede hacer con sus ingresos lo que le venga en gana. ¿Pero en verdad, es necesario gastar en todos esos artículos?
Considerando que los ingresos laborales mensuales promedio de los mexicanos para el 2021 son de 4 mil 380 pesos, es decir de la población ocupada. Sin considerar aquellos que dependen de la economía informal. Con estás cifras las familias difícilmente pueden presumir de una sociedad del bienestar.
Y en otros casos los ingresos de muchos de los mexicanos son parte de las remesas enviadas a este país a través de sus familiares que emigraron al país vecino en busca de mejores oportunidades laborales y son inciertos porque dependen de si estas personas cuentan o no con un empleo que les permita enviar dinero a sus familiares.
Siguiendo con mis observaciones en esta materia, en un recorrido por el centro de la capital de igual forma me percate del flujo de familias y el consumo que hacen de artículos varios. Muchas de ellas, recurren a tiendas departamentales como son aquellas a cargo del magnate Salinas Pliego, donde la pobreza para él es un área de oportunidad para lo cual otorga créditos con altas tasas de interés. Es decir, estas familias compran al precio de 3 lo que otra adquiere a 1.
La mayor parte del ingreso formales e informales de estas personas se destina a la compra de víveres, así como a educación y vestido. Además de aquellos gastos destinados a la salud, porque la mayoría de la población no son derechohabientes.
Con respecto a la vivienda en su mayor parte rentan, porque no son derechohabientes a algún crédito bancario o de alguna entidad gubernamental crediticia, o en otro escenario viven con algún familiar directo.
Con respecto a la movilidad son las personas que más ocupan el transporte público, incluido el de taxi. En el aspecto del esparcimiento son las personas que por cuestiones religiosas y de tradición asisten a la visita de fiestas patronales, ferias y demás eventos. Es decir, su nivel de consumo es continuo, aunque no sea de calidad.
Este sector de la población recibe apoyos gubernamentales que de igual forma se utiliza para cubrir las necesidades que ellos consideran.
Ante este panorama, parece que este sector se encuentra en un círculo vicioso donde es tan difícil salir de una cadena de pobreza.
Hace unos ayeres en una clase de finanzas, hablábamos de la economía de los pobres y de qué y cómo gastan sus ingresos. Y hasta la fecha continua el mismo círculo.
Es el sector que gasta todo lo que tiene y en ocasiones en lo que no puede como son XVs, cumpleaños, bodas, en el juguete y globo que le venden en la plaza, en la estampita y pulsera que le venden afuera de la iglesia, así mismo es el sector que gasta hasta en charlatanes- brujos o curanderos en la espera de conseguir un mejor empleo o por cuestiones sentimentales.
Cuestión de sociología y psicología, pero el punto es que con apoyos gubernamentales, con remesas con empleo formal e informal, continúan los mismos hábitos que se transmiten de generación en generación.
Claudia Gómez Montealvo
Estudios de Postgrado en Ciencia Política, Universidad de Oxford, Inglaterra.
Maestra en Administración y Políticas Públicas por el Colegio de San Luis, A.C.
Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
Estudios en Derecho por la Universidad del Centro de México.
Asesora de Gobiernos federales, estatales y municipales.
Consultora de diversas legislaturas del Congreso del Estado de San Luis Potosí.
Activista de diversos colectivos y asociaciones civiles, con enfoque en derechos humanos, prevención del delito, mujeres, cultura y educación.
